viernes, 28 de julio de 2017

NOSTALGIAS Y RECUERDOS LA COLUMNA DE ATILA JARTTI.


Desde que falleció Carlos Faul se dejo de publicar su columna en Estrella. Una de las secciones más populares entre la gente mayor y porque hablaba de viejos tiempos y viejas anécdotas, algunas graciosas y otras emotivas. No solo cosas vividas por el sino recopiladas o recogidas en bares o reuniones que tanto le gustaban  Carlito nuestro gran colaborador de Estrella y creador de las Tres Lunas de Cañada  pretendo con esta columna que arranca hoy tapar un poco el pozo que dejó Faúl en        Estrella y desde hoy a eso va.



SE NOS FUE FIERRO
Falleció esta semana Juan Carlos de Bernardo, “Fierro” para los amigos.  Nos conocimos en 4to grado en la escuela Normal y junto con Juan Carlos Etchart (El Conejo) él y yo nos pusimos el seudónimo de el trió Rayo. Eramos bastante traviesos y estábamos siempre juntos. En la escuela Normal la Regente era mi Tía Nora, Eleonor Eufosina Catalina Ramacciotti que con su mirada petrificaba a sus alumnos. Conejo Etchart era hijo del Director del Colegio Nacional el Dr. Carlos Etchart y Conejo su hijo mayor tenía un problema en la voz porque de chiquito tuvo un severo falso croup y su padre que era cirujano lo opero y con los nervios que él tenía le había producido un daño a las cuerdas vocales de su hijo, lo que motivó que renunciara a su carrera de cirujano y se dedicara a la docencia. El asunto es que el trió rayo de Fierro, Conejo y Jartti fueron los primeros de 4to grado que fueron a la regencia por la temible chueca Nora como le decían amistosamente los alumnos. Nora de la cual hablamos hace poco en Estrella, se prendía en los picados de los chicos del barrio cercano a la estación de ferrocarril donde habían nacido los seis hermanos Ramacciotti hijos del pelado jefe de estación fundador del círculo fundador de obreros inmueble hoy dedicado a Nazaret.
El querido Fierro se nos fue  y del trió rayo quede solo, con los recuerdos y las nostalgias de tantos años de amistad, cariño y compañerismo. 

CHARLES EL INCREIBLE
Charles Montarsino un viejo cantor de la Saint Louis Jazz de Oscar Serrano era un bromista inagotable, es sus últimos momentos fue peluquero pero con el flaco Visón que luego se fue a Italia compraron un camión el que iba a comprar frutas y verduras al mercado de Rosario todos los días a las 6 de la mañana. El flaco Visón manejaba el camión al mercado a buscar mercadería. Un día Charles le corta el pelo a un viajante que tenía que viajara a Rosario a las 6 de la mañana y no había colectivo, lo cual lo inspiro a Charles a decirle a su cliente que lo podían llevar en su camión a Rosario al viajante ahorrándole el viaje, le pidió la dirección al hombre que terminaba de cortarle el pelo y le dijo mi socio va a pasar a buscarte para llevarte a Rosario a las 6 de la mañana pero eso sí, háblale muy fuerte porque es sordo como una tapia.
Charles a la tarde le avisa a Visón que mañana antes de ir a Rosario pasara a buscar a su cliente para que no viajara solo pero eso si que le hablara muy fuerte porque era sordo como una tapia, lo mismo que le había dicho al hombre que le había cortado el pelo, Visón al día siguiente paso a las 5:50 al viajante y fueron hablándose a los gritos hasta Roldan, cuando uno de ellos pregunta “¿hace mucho que sos sordo?” a lo que el otro contesto “No, Charles me dijo que vos sos sordo…” cuando los dos terminaron de reírse de lo que les había echo Charles dejaron marcada para la historia la personalidad de aquel querido amigo que también recordamos todos.



DIA DE PAGO.
En la relación de diario estrella cuando estábamos ubicados en Balcarce 787 y donde también teníamos el estadio de boxeo, el local se llamaba Centro Ronda Musical como hacen muchos negocios dependíamos de facturas semanales, en aquel viejo local eran los martes. Teníamos un manto negro enorme, inteligentísimo que se llama Diógenes y como en Estrella siempre le dimos un lugar preponderante al buen humor los chistes y las bromas, un martes con una de las secretarias de Estrella, Analia Sconocchini paramos a Diógenes frente a la puerta de vidrio donde la gente tenía que entrara a cobrar un día martes y le pusimos a Diógenes para delante de la puerta, se veía de afuera crema de afeitar en la boca como se le pone a los perros cuando tienen rabia, y los dejamos horas y horas donde la gente no quería entrar y nosotros riéndonos adentro. Decíamos que Diógenes entendía la broma y aunque los perros no entiendan a nosotros nos pareció que nuestro querido e inolvidable Diógenes gozaba con nosotros de la broma que habíamos inventado.